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octubre 29, 2016

Los dones de la comedia

El culto a la risa es mi primera religión. Por eso acudo al templo del cine, normalmente cuando sé que está en cartelera una película de humor. Ser crítico y juzgar con vara larga a los comediantes es muy fácil, sobre todo porque los vemos haciendo el ridículo. Pero el humor es una de las artes que requiere no sólo de mayor humildad, sino de una rápida destreza mental y una aguda visión social.

La comedia del cine se remonta al primer día de su invención. Entre los 10 cortos que exhibieron los hermanos Lumière en Paris en 1895 (día del nacimiento del cine), se encuentra la primera cinta cómica del cine el regador regado: un solemne jardinero riega las plantas, a sus espaldas un niño le pisa la manguera, el hombre se asoma por el hueco de la misma a ver por qué no sale agua y el niño quita el pie. La gente mientras veía impresionada la primera muestra de fotografías en movimiento, reía con la mofa del regador vacilado.

 

Lo que hoy día nos da risa, porque el humor ha evolucionado, es que entre esas primeras cintas estaba La llegada del tren a Ciotat, y cuando la ingenua generación del mundo sin mass medias veía el tren acercarse a la pantalla, saltaban de sus sillas corriendo para salvar sus vidas. El humor ha evolucionado y sin duda, le debemos un crédito a los cómicos que han perfeccionado el arte de mantenernos riendo por un siglo a través del cine.

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Max Linder es uno de los primeros cómicos del cine. Sus cortos se remontan a 1905 y fue el inspirador de Chaplin. Antes de Linder hubo otros cómicos como André Deep y Jean Durand pero el humor de estos todavía era bufo y de situaciones muy rebuscadas. Max Linder fue el primero que perfiló un personaje que fuera identificable con la vida real. Chaplin tomó todos estos elementos pero le colocó algo más y fue el corazón, es decir, un problema profundo, algo que sea realmente conmovedor. Chaplin edificó su cine como la vida y el teatro griego, entre el drama y la comedia.

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Por supuesto que cuando hablamos de los años dorados del cine no podemos dejar de nombrar a Buster Keaton, a Mack Sennett, a Harold Lloyd, a están Laurel y a Oliver Hardy, los reyes de la comedia silente.

 

En la comedia contemporánea vemos un alto nivel de parodia hacia la misma evolución del cine y de su misma comedia. Cómicos como Jim Carrey, tienen su más alta tradición en el humor de Jerry Lewis, y este último, con todo y sus excesivas morisquetas es el más fiel a Buster Keaton y a la tradición del gags. El humor de Mike Myers parodia todos los rasgos de las generaciones de los 80 y los 90, sus películas de espías secretos y su idolatría al Dios Fredy Mercury.

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Ir al cine a ver una película cómica es una de las mejores terapias espirituales y para la salud. Al actor o al escritor que se desempeña en las disciplinas de la comedia debe concedérsele un estatus especial entre la sociedad, bien sea como un doctor, un guía espiritual o una masajista. El humor constituye una de las artes más detalladas y difíciles de perfeccionar. El cine de la comedia está totalmente atado a su tiempo, el humor es uno de los géneros que más necesita del referente de la realidad, de su época o de la verdadera psicología del ser humano, porque ese contacto entre la payasada y su referente real es lo que provoca la risa. Hay que pensar por qué cuando alguien se cae produce risa incontenible, es por la ruptura de la realidad, por el quiebre inesperado de la secuencia lógica. Y además, es bueno saber que el humor es una de las mejores armas cuando se trata de denunciar todo lo que está prohibido hablar en una sociedad.

 

El humor está lleno de bondades. Se sabe que la risa disminuye el cortisol, que es la hormona causante del estrés, potencia los linfocitos de que depende el efectivo funcionamiento inmunológico. Aumenta la dopamina, la serotonina y la buena adrenalina, se compara al orgasmo por la liberación de placer en los órganos centrales y previene accidentes cardiovasculares. Y además, es aséptica, porque, sin duda, el escandalo de las carcajadas libera los lugares de malos espíritus.

 

La sociedad necesita de los cómicos, de todas las épocas, para soportar sus problemas y conocerse mejor ella misma. Desde cómicos simples como Steve Martin hasta refinados como Peter sellers, cambian y refinan la inteligencia de la sociedad y por su efecto, mejoran la calidad de vida. Hay que agradecerle a todos los actores y directores que se han ocupado de la comedia como Billy Wilder, Frank Capra, Blake Edwards, Mel Brooks, hasta Milos Forman quien con su película El Lunático (Mano on the moon, 1999), más que una película cómica, hizo una radical reflexión sobre los límites del humor.

 

No dejemos de ir al cine, recordemos que en la antigua China e India existían templos donde se reunían para reír, consideraban la risa como algo divino y de sabios, y le daban un carácter espiritual como puente de contacto con lo universal.

Publicado en:

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Angulos 2004

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