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octubre 27, 2016

Crónica del cine erótico y lucha con la censura

Echad a la naturaleza por la puerta y volverá por la ventana.

El tema del sexo está en el cine desde sus inicios. La censura atrás por supuesto. Una de las primeras censuras del cine se la llevó el poco artístico Thomas Alva Edison. Cuando acababa de inventar su kinetoscopio, aparte de bailarinas y contorsionistas para su aparato mono-espectador, filmó una peliculita llamada “El beso”. En ésta, dos actores de teatro se dan un largo beso de 21 segundos sin el pudor castizo que exigía la época. Esta cinta creo el primer escándalo de moralidad sobre el aura del cine y muy educadamente se le pidió a Edison sacarla de la vista pública. Edison fue dueño de los primeros consorcios cinematográficos en los Estados Unidos, por eso no sufrió ningún perjuicio por esta peliculita, pero después, otros cineastas no tuvieron la misma suerte y pasaron por la cárcel, la clandestinidad o el destierro por tratar estos temas, tal fue el caso de Mae West, Von Stroheim, Larry Flynt entre otros.

 

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“El Beso” Thomas Alva Edison (1896)

 

En 1910 aparecieron las primeras mujeres en trajes de baño para el cine comercial. Este destello de piel en celuloide provenía de un grupo de chicas llamadas las Bathing Beauties de Mack Sennett. Fue una formula del habilidoso productor de cintas cómicas, para que sus películas cortas, atrajeran por igual a niños y adultos. Para ubicar la época de Mack Sennett podemos decir que Charles Chaplin tuvo su primera oportunidad en el cine como actor para Mack Sennett. Grandes actrices, sex symbols del cine mudo, surgieron de este grupo de muchachas con sus castizos trajes baños de cuello tortuga, Gloria Swanson fue una de ellas. Este estilo en su evolución, bastante obvio y explícito, ha terminado en la televisión, hoy lo vemos en las chicas de Don Francisco, y por qué no, en Xuxa la animadora de programas infantiles brasileña, a la que iban padres hasta sin sus niñitos a verla.

 

En 1920 apareció el primer largometraje erótico producido para la gran pantalla, este fue “Erotikon” del suizo Mauritz Stiller. Stiller fue el maestro de Sjostrom, de Igmar Bergman y el creador de Greta Garbo. Eso sí, la película de erótico, solo tiene su nombre, por los menos si esperamos algo de la imagen. En un cine de esa época, donde todos los personajes aparecen encorbatados, muy bien vestidos y las mujeres con guantes hasta los codos, no era fácil mostrar algo. Pero el tema si pasó la raya de lo concebido como decente, planteaba la cuestión de si es aceptable las relaciones con otras personas dentro de un matrimonio. La película comienza con un científico profesor de entomología Herr Leo Charpentier, quien expone que los insectos, específicamente una especie de escarabajos, son muy parecidos a los humanos en su vida sexual: algunos insectos, como algunas personas, son bígamos, otros monógamos, e incluso polígamos como la especie “Ipstypographus” que puede mantener tres hembras en relación de armonía. Irene, la esposa del profesor Herr Charpentier, está enamorada en secreto del Barón Felix. La sobrina de Herr Charpentier, quien vive en casa, ama a su tío con imprudente pasión y el mejor amigo de la familia, el escultor Preben Wells, ama a la esposa de Charpentier, este enredo de quereres, compromisos y pautas sociales, muy común en la vida real, es la trama de la película. Los suecos hasta la fecha de 1960 han sido los más permisivos de toda la cultura mundial para tratar temas de sexo. La historia lo ha vuelto a demostrar con películas como “Yo soy curiosa”(1967) de Viglot Sjosman, “Adorado John”(1964) de Lars-Magnus o la filmografía completa.

Por esos años también se puede recordar a Erich von Stroheim. Justo el erotismo y la sensualidad de su cine lo llevó a la quiebra y a quedar en la historia, como uno de los directores malditos de Hollywood. “Avaricia” (1924), “La viuda alegre” (1925). Este genio incomprendido hizo películas de un ritmo espectacular, y cuidó detalles en sus personajes de tanta profundad y contradicciones, como sólo se mueven las tormentas de la vida real. Tantos matices psicológicos, Stroheim los obtuvo dentro de las posibilidades del cine mudo. Las ambigüedades en los personajes de “Esposas frívolas” son un ejemplo. El cine de Stroheim es uno de los cines mas amputados y cortados por la censura en la historia de la cinematografía. Son legendarios sus lúdicos y costosísimos escenarios, las excéntricas orgías en “La viuda alegre”, donde los actores salían de los estudios, a puertas cerradas, llorando con latigazos y mordiscos en la piel. De su cine sólo quedan extractos, trozos y películas incompletas, pero de lo que queda, por ejemplo en la “La Reina Kelly”(1929), ¿quién iba a imaginar que Gloria Swanson, le lanzaría sus pantaletas al Príncipe? Bueno… la enagua, el pololo, o como se le quiera llamar.

 

 

Louise Brooks y Clara Bow, como Gloria Swanson fueron símbolos eróticos del cine mudo. Louise Brooks es una de las imágenes mas hermosas que ha tenido el cine, la pequeña Lulú, con su peinado que identifica la época de los modernos. Protagonizó “La caja de Pandora”(1928) “Un amor en cada puerto”(1928) y “Tres páginas de un diario”(1929). Al empezar el cine sonoro, desapareció como por acto de magia y se la volvió a encontrar 20 años más tarde como cajera de un Macy´s. Clara Bow hija del jazz, pequeña pulga que rebozaba en sensualidad, protagonizó películas como “It” (1926), “Alas” (1927) y además uno de los desnudos mas famosos del cine mudo en “Hula”(1927). De su vida privada surgieron grandes escándalos en la industria cinematográfica. Sobre esta devorahombres, reposa el chisme de haber invitado a su casa, a un equipo de rugby completo y haberse acostado con todos, durante un fin de semana, entre estos estaba, aun desconocido, John Wayne, para recordarle que no es de caballero contar las cosas.

 

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Louise Brooks

En 1930 se crea el “Codigo Hays” para ponerle freno a la sensualidad desatada por los creativos de la industria cinematográfica. El también llamado “Código de la decencia” ponía límites con una serie de reglas para tratar temas como el sexo, la violencia o las drogas en el cine. El código estuvo vigente en EEUU hasta 1967, pero en sus primeros años fue un verdadero corse para los guiones y todo vestigio de sinceridad de cualquier historia. Algunas de sus normas eran exabruptos tan grandes como que si una pareja llegaba a estar dentro de una habitación sobre una cama, algunos de los dos debía mantener un pie en el piso, o la norma sobre los bailes citada textualmente: “Las danzas que sugieran o representen actos sexuales, las danzan que tienen por fin provocar reacciones emotivas del público, las danzas que originan movimientos de senos, una agitación excesiva del cuerpo estando inmóvil, son un ultraje al pudor y son malas”. Por 40 años el cine norteamericano fue rebanado y amputado por el código y miles de guiones no pudieron, ni siquiera filmarse.

 

Comenzando la década de los 30 aparece la mujer mas inteligente de todo el cine erótico, Mae West. Su imagen fue una creación personal y no un invento de la industria del star systen. Ella misma escribió sus películas y sus obras de teatro y las que no pudo, exigió por lo menos escribir sus diálogos. En sus números musicales era acompañada por la banda de Duke Hellington. Los títulos de sus películas son bastante sugerentes: “Sexo”(1926), “No soy un ángel” (1933), “No es pecado”(1934), “Todos los días son fiesta”(1938). Will Hays autor del “código de la decencia”, dirigió la mitad de su artillería en destruir a Mae West. Mas que de su cuerpo, cuyos rasgos eran un poco toscos, su sex appeal provenía de su boca, es decir, de las palabras que esta pronunciaba. Uno de sus frases inolvidables es cuando ve entrar al hombre rudo por la puerta y dice: “tienes una pistola en tu bolsillo o es que te alegras de verme”. Provocaciones a una sociedad conservadora y machista, “Cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mejor”. Abría camino a la mujer dominante y sagaz, que luego será una característica fundamental de la femme fatale del cine negro. Pero Mae fue atacada no solo por Hays, sino también por William Randol Hearts y su cadena de periódicos hipócritas. Estos se dedicaron a destruirla, con artículos donde se la llamaba “Monstruo de lascivia”, “Una amenaza para la sagrada Institución de la familia norteamericana”. Después de estrenar “Sexo” Mae estuvo 10 días presa, privada de su libertad por indecencia. En 1940 dejó el cine y terminó en el teatro porque según ella, allí el mundo del arte era mucho mas libre. Lo curioso es que después de la muerte del prebisteriano Will Hays se consiguió escondido en su casa, muchos cortes de los desnudos de Mae West, es comprensible, sólo era una cuestión de celos, no quiso que nosotros lo disfrutáramos, solo él.

 

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Mae West

Luego el cine negro, que nace en 1932 con “Scarface” y tiene su auge en 1948 con “El Halcón Maltès”, comienza a moldear, al estilo James Cain y Dashiell Hammett, la figura de la femme fatale. Actrices como Rita Hayworth, Mary Astor y Lauren Bacall dejaron fríos con su mirada a los hombres que a la fuerza, trataron de dominarlas. Lo erótico comienza a hablar a través de la actitud. La perfidia, el interés y el cálculo se pierden entre la bruma de sensualidad. Jessicca Rabbit decía en “Quién engañó a Roget Rabbit”(1989), con indefensa prepotencia “Yo no soy mala, me dibujaron así”. Hay que recordar el baile de Rita Hayworth en “Gilda”(1946), donde sólo se quitó un guante, pero la escena fue cortada y la película fue un escándalo.

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“Gilda”(1946)

Los años cincuenta son una década de silencio y de transición. Estados Unidos se haya en pleno maccartismo. Y Russ Meyer un viejo fotógrafo de Playboy, sin meterse en política, hace “El inmoral Mr. Tears”(1959), una de las primeras películas donde aparece el desnudo de la mujer sin mucha justificación y con el solo propósito del morbo en cuestión. El señor Tears consigue unos lentes, los típicos deseados en nuestra adolescencia, que al colocártelos desaparece la ropa de las mujeres y quedan a tus ojos completamente desnudas. “Faster Pussycat, kill, kill” (1966), Vixen (1968), supervixens (1975), “Erotica” (1961), “Megavixens” (1976), son algunos de sus títulos.  El cine de Meyer deja mucho que desear en cuanto a arte o lenguaje cinematográfico, pero ciertos elementos de humor, de absurdo, y una postura descaradamente erótica lo han convertido en un director de culto.

 

En los 50, con mas sobriedad, aparece, Louis Malle. Su carrera tropezó y se catapultó con algunos escándalos cinematográficos, memorable fue con “Los amantes”(1958) y con “Niña bonita”(1978). Este caballero francés dio sus primeros pasos como asistente de dirección de Robert Bresson en “Un condenado a muerte se ha escapado”(1956). A los 20 años trabajó para Jacques Cousteau en el Calypso y con él codirigió uno de los documentales mas importantes sobre naturaleza que fue, “Un mundo en silencio”(1956), realmente el primer documental submarino. En 1957 dirigió su primera película que fue “Ascensor para el cadalso”, un pálido thriller al estilo cinema noir, con la fuerza musical de Miles Davis. Luego, en su segunda película se hundió profundamente en el tema del sexo y el adulterio con “Los amantes” (1958). Una mujer burguesa, cansada de la monotonía de su vida perfecta, decide vivir algunos affaires mintiendo a su esposo con serena frialdad. La esposa es Jean Moreau a la edad de 30 años. En una de sus venganzas conyugales, termina con un amante en su propia casa y en la noche, se da una de las escenas mas hermosas y largas sobre coito alguno en el cine. Jean Moreau interpreta quizás el primer orgasmo actuado en la pantalla. La experiencia física y carnal del sexo es mostrada con gran intimidad y nunca el cine le había dedicado tanto tiempo a esa acción. Esta película fue un verdadero escándalo en la clase alta francesa. Pero como dice Vittorio de Sica: “Si se excluye el adulterio, pues, ¿qué drama hay en la burguesía?” Luego Malle hizo “El soplo al corazón”(1970), logrando otro escándalo porque trataba el escabroso tema del incesto, además, sin oponer ningún juicio moral. Pero realmente un galardón a la belleza fue cuando inició a Brooke Shields en su carrera de símbolo erótico, que mantuvo en clímax hasta la “Laguna azul”(1980). En “Niña bonita”(1978), Brooke Shields es la hija de una prostituta interpretada por Susan Sarandon y ambas viven en un burdel y un fotógrafo que retrata a la madre, al buen estilo Lewis Carrol, es atraído por la pequeña niña, el botón de una flor, Brooke Shields a los 13 años de edad. Louis Malle pasó de escándalo en escándalo hasta el final de su carrera cuando hizo “Damage”(1992), pero quizás este último escándalo fue por lo presumida y aburrida de la película.

 

El Marqués de Sade, con su divina pluma limpia de moral, escribió las obras mas escandalosas de la literatura erótica occidental. Pasó 29 años de su vida preso y allí concibió la mayoría de sus novelas. El cine no pasó por alto, a tan provocador escritor. Doce veces se ha llevado a la pantalla al Marqués de Sade, desde “Justine” hasta “La filosofía en el tocador”. En sus novelas plantea una religión del placer personal como la meta mas noble y el principio mas elevado. La tortura, la sumisión y el dominio son sus medios recurrentes. Justine es uno de sus personajes emblemáticos. Una pequeña niña inocente y virtuosa, que, por errores del destino, cae en las manos de los hombres mas depravados de la Europa del siglo 19. La primera vez que se versionó a Justine fue en 1962 por Roger Vadim, se llamó “El vicio y la virtud”, Justine fue actuada por Catherine Denueve. Roger Vadim es mas recordado por su vida de parejas que por sus películas que no fueron muy buenas, Brigittejuliette_sade_dutchBardott, Jane Fonda, Cartherine Denueve fueron algunas de sus esposas. Pero la primera película de Vadim fue sin duda una aportación especial al género erótico “Y Dios creo a la mujer” (1956), con una exuberante Brighitte Bardott en su mejor etapa, mas, “El vicio y la virtud” fue una versión de Sade tan libre, que en muchos momentos te olvidas que se trata de Justine. En 1968 el español Jess Franco realizó la siguiente versión de Justine. La modesta producción del español en tierra italiana, con una carta de pésimos actores al estilo cine porno sin argumento, tiene dos super estrellas: Klaus Kinski y Jack Palance. Lo que prevalece en el film, como en casi toda la obra de Jess Franco, es el tratamiento superfluo de la personalidad y un vacío en los motivos emocionales que hacen moverse a los personajes. Parece que el único que se tomó la cosa en serio fue Klaus Kinski; en la primera secuencia donde llevan al Marqués en una carroza hacia el calabozo, este conociendo su dignidad y su genialidad, hace una retadora mirada a cámara transmitiendo profundamente el carácter del personaje, como solo un actor de ese tamaño puede lograrlo. Luego en prisión el Marqués se sienta en una silla y comienza a escribir:” La vida confirma que la prosperidad favorece a los malvados mientras que los desastres se derraman por la colina de la virtud”, aquí inicia la cadena de infortunios que van a perseguir a nuestra heroína hasta el final de la historia, haciendo de su cuerpo el objeto mas preciado para el placer sádico de los demás. Las actuaciones se ponen cada vez peor. A Jess Franco sólo le importa el sexo y no como llegar al sexo, cuando en realidad tampoco hay mucho sexo, porque es una película hecha para entrar en los circuitos comerciales. Pero mas allá de la mitad de la trama, la película se pone buena cuando aparece Jack Palance, Justine cree haber caído en un convento de hombres santos y cuando está frente al maestro (Jack Palance), este ordena: “atadla”, y ella contesta aterrada “Señor me dijeron que erais hombres santos dedicados a la contemplación y al estudio” y el maestro responde “cierto y el objeto de nuestro estudio es la obtención del placer” y aquí es cuando entran sus peores etapas de encadenada y esclava. La única forma de salvar su vida es aceptando la sumisión y quedando a merced de quienes gozan martirizándola. Esta película al lado del libro es una caricatura irresponsable. Por no mencionar que Jess Franco después realizó 5 películas mas sobre novelas de Sade. Entre otras versiones realizadas por otros están, “La filosofía en el tocador”(1968), de Jacques Scandelari, “Justine de Sade” (1972) de Claude Pierson, y “Quills, letras prohibidas”(2002), con Geoffrey Rush como Sade; pero realmente hasta la fecha ninguna película ha hecho honor al honorable Marques y todavía no existe nada mejor que leer sus novelas.

 

El cine erótico se construye en un espacio entre lo que se muestra explícitamente y lo que crea la imaginación. Por eso en nuestra memoria hay películas super-eróticas, pero que al recordarlas bien, notamos que no aparece nunca un verdadero desnudo, tal es el caso de “Senso”(1954) de Luchino Visconti, “El hombre que amaba a las mujeres”(1976) de Francois Truffaut, varias películas de Antonioni. También mujeres super-eróticas que han enseñado casi nada en la pantalla como Sophia Loren o el caso de Jean Moreau en varias de sus películas y en “Jules et Jim”(1962), que uno no sabe por qué vestida de hombre se ve tan bella.

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“Jules et Jim”  Francois Truffaut  1962

 

Los últimos años de la obra de Pier Paolo Pasolini fueron dedicados, cada vez con mayor intensidad, al cine erótico. Es curioso recordar que Pasolini sólo hizo cine por 14 años y comenzó cuando tenía 39 años. A partir de “Teorema” el tema de la sexualidad y la historia del hombre fue su constante. “El Decamerón”(1971), “Los cuentos de Canterbury”(1972), “Las mil y una noches”(1974), “Saló o los 120 días de la ciudad de Sodoma”(1975). Ya “Teorema”(1968), es una película erótica, aunque no muestre un seno. Un ente extraño o amigo de la familia, no importa porque Pasolini nunca lo explica, convive con ellos por unos días, este personaje tiene amoríos, en distintas situaciones, con todos los integrantes de la casa incluyendo la sirvienta. Cada uno cree tener un gran amor secreto. El tinte surrealista de la obra le otorga un potente discurso y simbolismo con la sociedad. La película casi no tiene diálogos, y cuando los hay, por lo general son las voces introspectivas de los personajes, creando atmósferas enrarecidas de soledad y hastío. La familia son de clase alta y llevan una vida bastante cómoda pero aburrida y vacía. Allí entra este sujeto, sin ninguna justificación, el cual, solo utilizará Pasolini como detonante de la personalidad de cada uno de los integrantes de la familia. Este pequeño elemento emocional los hará cambiar para siempre, provocándolos huir de su buena vida como si se tratara de una prisión. La servicio escapa a su pueblo donde se convertirá en una santa venerada por todos, la joven adolescente enloquece y termina internada en un manicómio, el joven se convierte en un artista, un pintor que corre en busca de su destino; la madre, que es interpretada por Silvina Mangano, personaje de fría porcelana que representa muy bien a esa burguesía insulsa, no halla qué hacer con sus deseos y sale en su carro a recoger cualquier joven que le recuerde a su amor para tener sexo, en cualquier lugar, con ellos. El padre, lleno de conflictos por lo que puede significar socialmente su nuevo amor homosexual, piensa regalar su fábrica a los obreros y en una verdadera escena poética se desnuda en una concurrida estación de trenes y al final lo vemos caminado por un desierto, tal como vino al mundo, gritando su desconsuelo al vacío.

 

En “Las mil y una noche”, Pasolini trata el sexo de forma tan bella y natural, que sentimos que nos salimos del ámbito del lenguaje cinematográfico con sus intencionalidades y simplemente entramos a un espacio de la vida real. “Las mil y una noche”(1974), inspirado en los cuentos de Sherezade, es un poema en imágenes. El poder de evocar la época, en este caso 1.500 a.c. es de una realidad incuestionable, no se necesitan esas mega producciones americanas para evocar el pasado con la fidelidad y sobriedad con la que lo logra Pasolini. El sexo es tratado con el desprejuicio completo de culturas pasadas, logrando imágenes que rebosan en candidez e inocencia. La adolescencia brilla en hermosura, la homosexualidad se siente natural. Se escapa de las formulas del erotismo para conseguir atmósferas completamente cónsonas con sus personajes. El sexo en “Las mil y una noche “ se ve limpio, puro, incuestionable e incensurable. Con esta película Pasolini cerró lo que llamó su “trilogía de la vida” conformada por “El Decamerón”(1971), “Cuentos de Canterbury”(1972) y “Las mil y una noche”. Luego, “Saló o los 120 días de la ciudad de Sodoma”(1975) es una de las películas mas fuertes en contenido sexual que se haya exhibido en la pantalla. Es inspirada en el libro “Las 120  jornadas de Sodoma”(1785), del Marques de Sade. La película de Pasolini, ubicada al final de la segunda guerra mundial y en el último territorio fascista de Italia, el distrito de Saló, narra la desventura de varios adolescentes que son secuestrados y encerrados en un castillo, para cumplir las aberraciones sexuales de un grupo de viejos poderosos duques. El mismo año de realizar esta película, en un oscuro callejón de Italia, Pasolini recibió una puñalada mortal que apagó las luces de uno de los mas grandes directores del mundo.

 

“El último tango en Paris”(1972) de Bernardo Bertolucci, es un hito de los 70. Vista en frío, la película realmente no muestra mucho, pero los escándalos de prohibiciones y censura la convirtieron en una leyenda del cine erótico. Los españoles subyugados por la cesura de Francisco Franco, atravesaban la frontera con Francia, por los Pirineos, para ir a ver la película. Realmente no es una película erótica, es una película existencial. Recordamos a Jean-Pierre Léaud, Antoine Doinel de los “400 golpes”(1948), haciendo del joven director que anda encuadrando todo lo que ve, y la escena indeleble cuando Marlon Brando suaviza su dedo con mantequilla para que entre en el culo de Maria Schneider, seguro la escena que mas molestó a los censores.

 

Marco Ferreri antes de “Cuentos de una locura corriente”(1981), con una sensualísima Ornella Muti, hizo “La gran comilona” (1973), una mezcla de comida, sexo y flatulencias sonoras en el cine. La película fue escrita por Rafael Azcona, quien puede verse como el Zavattini del cine español. Dulce escena cuando una de las prostitutas invitadas al bacanal se acuesta desnuda sobre el pastel, quedando sus senos y su barriga llenos de torta. Andrea, la mujer que los acompaña durante toda esa travesía suicida, es una maestra de escuela, acepta todo como es y goza la sensualidad del momento sin emitir ningún juicio de valor. Al final de la trama no sabemos si lo que vimos fue una película trágica o cómica, pero seguro que sí reímos algunas veces, sobre todo reímos escatológicamente cuando a Marcello Mastroiani le explota la poceta y sale gritando del baño lleno de mierda. En cuanto a “Cuentos de una locura corriente” realmente es una película erótica, con todos sus tragos amargos a lo Bukowski, con sus mujeres feas y grotescas. Inolvidable es la escena del principio cuando el protagonista seduce a la pequeña prostituta de 12 años, esta especie de Henry Chinaski, alter-ego de Charles Bukowski, es protagonizado por Ben Gazzara. Y hermosa la escena de Ornella Muti en la ventana, a gastadas horas de la noche y la concentrada lamida de trasero que atraviesa la madrugada. Si no basta con leer “Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones y demás relatos de la locura cotidiana”(1).     Pie de pag. (1) El octavo libro de Charles Bukowski

“Eso es casi porno”, dicen muchos con pretensión de desprestigio cuando ven las películas de Tinto Brass, pero este señor italiano de los años 50, fue una promesa en los movimientos de vanguardia de los años 60, empezó como ayudante de Rossellini, de Fellini y también hizo documentales con Joris Ivens. Tiene un western en su haber y un importante documental de protesta, que en su momento legitimó el cine como medio para la denuncia, “El fiume de la rivolta”(1963). Pero de pronto, tuvo una revelación cósmica y esa iluminación lo llevó al cine erótico y desde “Salón Kitty” en 1975 todas sus películas han sido explícitamente eróticas. No profundiza en las historias y todas las secuencias concluyen en el sexo. Pero el valor fotográfico y el montaje de Tinto Brass son exquisitos. La luz, los encuadres, la narrativa y la piel. También es valiosa la descripción de sus personajes italianos y cierta candidez hedonista, que parece heredada de la época de los romanos. Cada película de Tinto Brass es una lista de fetiches y perversiones humanas pero enfocadas con una calidad estética incuestionable, cada plano termina siendo una hermosa oda al cuerpo del hombre y de la mujer. “El hombre que mira”(1994) es erotismo puro desde que empieza hasta que termina. La primera secuencia de la mujer desnuda en el cuarto, que confusamente desaparece para luego descubrir que es la imaginación de un hombre masturbándose es una hermosura. “Monella”(2002), es un canto a la virginidad, la inocente muchacha que está a punto de casarse, y que desde su centro, pasando por su vientre sube una explosión de sexualidad. Ella hace todos los enredos para lograr que su novio la posea y no llegar virgen al matrimonio, pero el sujeto, clásico machista, que no tiene relaciones con su novia para no mancharla, pero si lo tiene con prostitutas y otras mujeres, se queda pequeño ante la potencia de la adolescente Monella. La narrativa de Tinto Brass y Milo Manara es bastante parecida aunque uno se trate de cine y otro de comic. Tinto Brass ha declarado que él siempre trata de provocar a la censura y andar por sus límites. A veces sus imágenes exceden una estética típicamente publicitaria, que en ocasiones, se hace molesto, pero igual es imperante la belleza de casi todos los planos y además, sus historias están llenas de sorpresas e imprevisibles resoluciones. Es tan contradictorio, que en una entrevista se le preguntó a Woody Allen quién era el peor de los cineastas italianos y respondió: “Tinto Brass y si me preguntan cuál es el mejor de los cineastas italianos, también diría Tinto Brass”.

 

Después de la legalización de la pornografía con su industrialización en los setenta y la aparición del video casero en los 80, el cine erótico tuvo que replantearse. Toda la saga de “Emmanuel” y “Orquídea salvaje” parecen películas para niños. Ya cualquiera lleva a su casa imágenes explícitas de sexo y el cine erótico pierde su encanto de lucha contra lo prohibido. Así aparecen bellas películas indelebles para la historia como Betty Blue. Esta película, con un erotismo feroz, reúne en una mezcla coherente, el amor, la locura y el sexo. Fue filmada en 1986, y si no es por algunos elementos de la escena, parece que fue filmada ayer. Betty Blue es quizás la película mas carismática del cine erótico. La locura es su eje central, y la locura tiene su carisma como lo demuestra Erasmo de Rotterdam en su “Elogio a la locura”(1508). Los personajes cada vez son llevados a destinos inciertos por culpa de las explosiones de espontaneidad de Betty. Este trágico drama, vale recalcar, está lleno de gags y situaciones hilarantes. Sus protagonistas Betty y Zorg son la encarnación del amor eterno, y comprendiendo la dimensión de este sentimiento en ellos, es sólo como podemos entender el paradójico final. En esta película sencilla, pero realizada con mucho instinto, Jacques Beineix demostró que para hacer cine, sólo se necesita la fuerza psicológica de sus personajes.

 

Ya en los 90 se reconoce que lo esencial en el cine erótico no es mostrar el sexo, porque cualquier película de violencia o la televisión misma lo muestran cuando quieren. El género de cine erótico como atracción parece gastado, lo demostró Adrian Lyne en 1986 cuando hizo “9 semanas y media”, donde esas pretensiones eróticas al poco tiempo se ven ridículas, bien llamado sexo ligth. Lyne después hizo dos películas, que caven dentro del género, con guiones mejor argumentados: “Atracción fatal”(1987) y “Una proposición indecente”(1993). Pero el tono en el estilo de los 90, lo impone “Instinto básico”(1992), sus personajes amarrados en la cama, en el inicio para tener sexo, crea suspicacia, de aquí surgió Sharon Stone como una las grandes sex symbol de la década. Los 90 dio películas hermosas como “Lección de piano”(1993) dirigida por la neozelandesa Jane Campion y con una Holly Hunter en uno de los desnudos mas bellos del cine. “American beauty”(1999), impresionó también por su sensualidad, introspección y retrato del tiempo cotidiano.

 

Ya en el 2000 el erotismo es un elemento que puede tener cualquier película. Ejemplo, el cine de Larry Clark, fotógrafo neoyorquino que hereda el camino empezado por Shirley Clarke y John Cassavettes, para hacer un cine extremadamente real. “Kids”(1994), “Otro día en el paraíso”(1997), “Ken Park”(2002). El sexo importa porque esta intrínsicamente unido a la vida de todos los personajes, como en la vida de cualquier adolescente del mundo. El cine de Larry Clark toma lo mejor del movimiento Dogma 95, sin ser quizás tan dogmático. Harmony Korine, guionista de “Ken Park”, es junto con Lars von triers de “Los idiotas”(1998) y Thomas Vinterberg de “La Celebración”(1998), los máximos representante del movimiento. El tratamiento del sexo en sus películas, normalmente sale del ámbito de lo placentero para entrar en el terreno de lo bizarro “Julien Donkey-boy”(1999) de Harmoni Korine, con Werner Herzog, como el padre de Julien, es una pesadilla sin asidero, desde la técnica hasta el tratamiento caótico del tema, pero sin duda, atravesar ese Averno y salir ileso de él, se convierte en una experiencia.

 

Ejemplos de como se trata el sexo hoy día en la pantalla, de forma taquillera, lo apreciamos en películas como  “The dreamers”(2003) de Bertolucci, “Y tu mamá también”(2001), de Alfonso Cuaron, “Lucia y el sexo”(2005) de Julio Meden, antiguos cineastas como Bigas Luna, que siempre ha entregado un cine seudo-erótico como “Las edades de Lulú”(1990) y hoy sigue haciendo lo mismo con “La maja desnuda”(2001). Y también películas mas frescas, que han logrado renovar la perspectiva erótica como “Laura está sola”(2002) de Conrad Son y “Las fantasías de Lila”(2004), de la cultura musulmana en Francia. Y bueno… lo mismo que esperamos de todos los gustos de la vida como el comer o la diversión, donde no importa lo vivido sino lo que viene: lo mejor del cine erótico está por venir.

 

Bibliografia

Hollywood Babylon. Kenneth Anger.

Las fatales ¡Bang! ¡Bang!  Marta Belluscio

Miradas, revista audiovisual. Art. Joel del Río. “Tinto Brass, paroxismo de voyeur”

El libro de la censura cinematográfica. Homero Alsina Thevenet. Y epígrafe.

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          C De Cine 2008                                                                        Actual 2010

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